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El valor didáctico del doblaje en la traducción audiovisual

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Se habla mucho de la importancia fundamental que tienen los subtítulos en la traducción y el aprendizaje de idiomas. Todo el mundo coincide en que resultan una herramienta de oro para mejorar tu nivel de lenguas extranjeras, ya sea como espectador de productos cinematográficos en versión original o probando a subtitularlos tú mismo, una forma diferente e interactiva de practicar otro idioma de la que recientemente habló Scheherezade Surià en esta entrada.

Sin embargo, ¿qué pasa con el doblaje? Con cada vez más detractores que partidarios, esta modalidad de traducción audiovisual no parece servir para lo mismo, ya que reemplaza la banda de audio original por otra en nuestro idioma y “malacostumbra” a nuestros oídos a escuchar solo contenidos en español.

Un rasgo común en la mayoría de los filólogos, traductores y amantes de los idiomas en general es que solemos preferir ver cine en versión original subtitulada. Normalmente se aduce que de esta forma no nos perdemos ningún matiz (como si con los subtítulos no nos perdiéramos nada, pero de esto ya hablaré en otra entrada) y que contribuye a mejorar nuestro nivel de la lengua extranjera en cuestión.

¿Quiere decir eso que del doblaje no se aprende nada? Pues no es así, amigos míos. El doblaje tiene mucho que enseñarnos, y más a los que nos dedicamos a traducir para cine, televisión o formatos similares. Entre las ventajas que afectan al proceso traductor se incluyen las siguientes:

  • Enriquece a nivel lingüístico y fraseológico en tu propio idioma. Al fin y al cabo, si la lengua meta del producto final es el español (y entendiéndolo como la variante mayoritaria del país en el que se va a estrenar dicho producto), el traductor debe dominarla a la perfección, y cuanto más formado esté en sus distintos usos orales, mejor será la calidad del resultado.
  • Enseña soluciones de traducción para expresiones frecuentes en el idioma original en las que muchas veces no habíamos caído. También ofrece formas de adaptar referencias extranjeras a nuestra cultura, con el objetivo de que los espectadores finales las entiendan.
  • Hace que reflexionemos sobre nuestra propia lengua. En oposición con el subtitulado, técnica en la que el texto original y su entonación acapara exclusivamente nuestros oídos, en el doblaje escuchamos los diálogos en español, lo que no solo nos permite disfrutar de la película sin estar leyendo continuamente, sino también facilita que seamos más conscientes de los rasgos y usos que posee nuestra lengua. Y eso solo nos puede hacer mejorar como profesionales.
  • Proporciona un excelente corpus de textos paralelos: si nos encargan, por ejemplo, una película sobre bandas carcelarias, resulta imprescindible haber visto otras del mismo género para conocer los términos más empleados en la jerga de los reclusos y dominar el registro habitual de este y otros colectivos que puedan aparecer.
  • Ofrece innumerables ejemplos para aprender a ajustar: en la cadena del doblaje, a veces la misma persona que traduce se encarga del ajuste, un proceso que consiste en adaptar la longitud y contenido de los diálogos al movimiento de labios de los actores en la pantalla. Y no hay mejor manera de practicar que con productos audiovisuales ya doblados, ensayando con nuestra propia voz sobre diferentes escenas hasta conseguir una buena sincronía labial. Quizá parezca complicado y algo engorroso, pero es un servicio más que en un momento dado nos pueden pedir, y si ya dominamos esta técnica, seremos traductores más completos y competentes de cara a nuestros clientes.
  • Y, por si fuera poco, enseña todo esto de una forma lúdica y sin darnos cuenta. Al fin y al cabo, ¿qué mejor forma de aprender a traducir para cine o televisión que viendo tu serie favorita sin esforzar la vista?

Con todo ello, no deseo quitarle importancia al subtitulado, otra modalidad de traducción que me encanta, y menos aún es mi intención provocar otro de esos manidos debates entre doblaje y subtítulos que no llevan a ningún sitio, pero más allá de los gustos personales de cada uno y centrándonos en el proceso que nos atañe a los traductores, no deberíamos ignorar todos los beneficios que el doblaje puede aportar a nuestra formación.

En ese sentido, yo también era de los de «solo veo pelis en versión original», pero con el tiempo y, sobre todo, tras especializarme en traducción audiovisual, he acabado alternando el consumo de materiales doblados y subtitulados durante mis períodos de ocio. No solo porque he descubierto esta faceta didáctica del doblaje que me ha ayudado a evolucionar como traductor, sino también porque ya me paso mis jornadas laborales visionando productos en inglés como para seguirlo haciendo en mi tiempo libre, por mucho que me apasione este idioma.

Y vosotros, ¿qué opináis al respecto? Cualquier comentario será bienvenido.

Imagen cortesía de Andres Moreno

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