doblaje, traducción audiovisual

La traducción de dibujos animados

Uno de los géneros audiovisuales más apasionantes que he tenido la oportunidad de traducir para televisión es el de los dibujos animados. Se trata de películas y series de animación, normalmente pensadas para los más pequeños, que presentan multitud de rasgos definitorios. Entre otros aspectos, cuentan con una estructura, duración y lenguaje muy determinados por el tipo de público al que se dirigen y sobre los que existen numerosos artículos académicos. Sin embargo, mi intención es describir este género desde la perspectiva que nos concierne, es decir, desde un punto de vista traductológico, y comentar las peculiaridades que rodean la traducción de dibujos animados.

¿Qué elementos lingüísticos y extralingüísticos nos condicionan en una película de animación? ¿Qué decisiones debe tomar el traductor ante esta clase de contenidos? ¿Cómo abordamos la adaptación de los referentes culturales? ¿Se han hecho estudios de recepción sobre este tema? A todas estas interesantes cuestiones intentaré dar respuesta basándome únicamente en mi experiencia profesional con este tipo de materiales.

Para ello, en esta ocasión voy a centrarme en analizar la traducción de dibujos animados para niños, dejando aparte series de animación como Los Simpson o BoJack Horseman, dirigidas a un público más adulto y que merecen tesis doctorales enteras, como esta de Juan José Martínez Sierra.

El lenguaje en la traducción de dibujos animados

En las series de animación, normalmente la forma de hablar de los personajes es bastante simple, por una razón muy obvia: están dirigidas a los pequeños de la casa. Por tanto, el lenguaje debe ser fácil de entender, con abundantes oraciones cortas, construcciones sintácticas sencillas y un léxico adaptado a la edad de su público habitual. En ese sentido, el traductor debe huir de todas aquellas palabras y expresiones impropias del vocabulario de un niño o que este aún no conoce.

Las referencias culturales en la traducción de dibujos animados

En relación con el punto anterior, ¿qué hacemos ante referentes totalmente ajenos al nivel cultural del público meta? Este problema, planteado en multitud de estudios y artículos, adquiere una especial relevancia en la traducción de dibujos animados. Por un lado, no podemos presuponer que un niño va a identificar un elemento extranjero que no existe en su cultura, pero por otro, nuestra solución debe ser coherente con lo que se ve en la imagen.

Planteemos un caso práctico. En una escena del episodio 14 de la serie Piking y sus amigos, el personaje de la iguana se queja de que hay un pelo en su sopa. Esto provoca la siguiente reacción de la tortuga, en otra mesa: Uck! There’s one in my liverwurst too!

La traducción de dibujos animados

Mi primera reacción fue buscar qué significaba liverwurst, y descubrí que se trata de un tipo de embutido de hígado muy típico de la cocina alemana que no tiene traducción. No lo había escuchado nunca, y era obvio que un niño español tampoco lo conocería, de modo que cambié el referente. El resultado final quedó así: ¡Agh! ¡También hay uno en mi sándwich! En España, cualquier niño sabe lo que es un sándwich, y además, eso es justo lo que sale en la imagen. De esta forma, el espectador escucha una información más que plausible con lo que ve en la pantalla.

La ausencia de palabrotas en la traducción de dibujos animados

En general, los dibujos animados no pueden incluir palabras malsonantes porque están dirigidos a niños. No olvidemos que, además de entretener, estos programas tienen una función educativa muy importante. Por tanto, el traductor debe suavizar todos los tacos, insultos y formas de maldecir que puedan aparecer. Y sustituirlas por otras más inocentes y graciosas, como «zoquete», «memo», «panda de inútiles», etc. Una de las soluciones más divertidas que se recuerdan es la siguiente, extraída de un episodio de Los Simpson:

Autora de la traducción: María José Aguirre de Cárcer

El uso de dubbese en la traducción de dibujos animados

Para los que no lo sepan, el dubbese es ese lenguaje artificial tan propio de los doblajes. Se usa para suavizar palabrotas o adaptarse mejor a la sincronía labial, pero en detrimento de la naturalidad expresiva. Ejemplos conocidos son «¿bromeas?», «jodidamente» o «bastardo», expresiones que nunca pronunciamos en la vida real.

En el caso de los dibujos animados, hay algunas que son particularmente propias de este género. No es infrecuente escuchar en series infantiles frases como «¡oh, cielos!» u «¡oh, no!» para indicar sorpresa o decepción. También es muy típica la exclamación «¡guau!», de la que se huye en programas más adultos.

Las canciones en la traducción de dibujos animados

En los dibujos animados y demás programas infantiles, las canciones siempre se traducen. Normalmente, por alguna de estas razones:

  • Poseen una clara función didáctica y, por tanto, los niños deben enterarse de lo que dicen.
  • Están hechas para que ellos las canten.
  • Cuentan elementos básicos de la historia, sobre todo si se trata de la canción de inicio.

Por tanto, el traductor debe dedicarle una especial atención a este apartado. Si se ve ante una canción, procurará que los versos en español tengan el mismo número de sílabas que en el idioma original y que rimen en los mismos sitios. Esta es sin duda una de las tareas más arduas ante las que se puede encontrar, pero también de las más satisfactorias cuando ve el resultado en la tele.

Hagamos una comparativa. Esta es la canción original de la serie Prodigiosa: Las aventuras de Ladybug:

Y esta es la versión doblada al español de España, de cuya traducción se encargó Ainhoa Trecet:

Lógicamente, ante estas situaciones el traductor debe estrujarse la cabeza. Debe tirar de inventiva para lograr que la canción quede bien sin alejarse demasiado del sentido original, y es una lástima que los clientes no valoren la dificultad añadida que esto supone.

Los juegos de palabras en la traducción de dibujos animados

Por si todo lo anterior fuera poco, estos programas son uno de los géneros que contienen más juegos de palabras, con el objetivo de hacer reír a los niños. En estos casos, no es tan importante la fidelidad al texto como cumplir su misma función. Es decir, se trata de producir el mismo efecto cognitivo en la mente del usuario que el que sintió el espectador de la versión original, cumpliendo el principio de equivalencia funcional tan presente en los estudios de traducción.

Veamos un ejemplo práctico. Volviendo a Piking y sus amigos, en el episodio 19 se refieren al personaje del cerdo Pip de esta manera:

He’s become a swine-sation. And the Snout-Phone has made Pip mega famous.

Look! He’s got a private island: Hog-a-lu-lu.

 

Obviamente, no podía usar “Honolulú” si quería mantener la gracia en el doblaje, así que tras pensar un poco, esto fue lo que se me ocurrió:

Se ha convertido en una “cerdación”. Y el hocicófono le ha hecho superfamoso.

¡Mirad! Tiene una isla privada: Cerdoña.

 

De esta forma, al igual que en el original, uso un referente conocido del mundo real para crear un juego de palabras que pueda hacer reír a los espectadores de la versión doblada. El compañero Devadip Rivero me propuso otra solución genial: “Puerco Rico”. Lo cual demuestra que normalmente hay varias formas de solventar un problema de traducción.

Conclusión

Estas reflexiones me han dejado claro que, ante un encargo de dibujos animados, el traductor debe ser muy ingenioso. Al igual que en el caso de los videojuegos, tiene que optar por soluciones creativas que funcionen. Y ante todo, ser muy consciente del tipo de público al que se dirige, su nivel lingüístico y su conocimiento del mundo. Sin duda, resulta un auténtico desafío. Pero después de todo lo que os he contado, ¿a que es precioso traducir dibujos animados?

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